El guardián de múltiples ojos
Esta es una de las obras en las que el mundo de Fedorin se revela con excepcional claridad. La condición de múltiples ojos aquí no es un recurso decorativo ni un exceso fantástico. Opera como una forma de atención extrema, casi sobrenatural, casi insoportable. Esta figura no simplemente mira. Existe en un estado de visión perpetua. La figura es a la vez monumental y vulnerable, severa y casi tierna. Se percibe en ella la antigüedad de una imagen de tipo icónico, pero también una extrañeza personal, casi íntima, sin la cual la pintura de Fedorin no se sentiría tan viva. No es un personaje de leyenda. Es un ser de necesidad interior.